Publicado en Pensando en voz alta

Cautivos de nuestros deseos


Si el ego es un monstruo al que hay que dominar o reducir, el deseo es un demonio al que hay que enjaular. Hay animales que simplemente no se pueden domar, y el deseo es uno de ellos. El deseo es salvaje y, aun domeñado, nunca llega a ser un gato doméstico. Sigue siendo un tigre que se alimenta ante todo de felicidad. Tu felicidad. Los seres deseosos corren el riesgo de acabar cautivos o esclavos de sus deseos. No hay nada tan peligroso como ver tus deseos satisfechos una y otra vez, porque el deseo jamás puede ser saciado permanentemente de este modo. Cuanto más se sacia, más necesita para ser saciado. Hasta que deviene tan magnificado que no cabe saciarlo en absoluto, excepto brevemente, y sólo mediante conductas que invariablemente transgreden las normas establecidas.

Debemos admitir que Lao Tzu acertaba al señalar que la felicidad se deriva de la restricción de los deseos; la infelicidad, de satisfacerlos en demasía. Lo cierto es que “lo que ocurre en Las Vegas” es como tu sombra: te sigue a todas partes.

 

El poder del Tao

Lou Marinoff

Publicado en Microideas

La importancia de la escritura


Para muchas personas escribir supone un gran esfuerzo. No están acostumbradas a organizarse de manera escrita, así que lo hacen mentalmente y lo consideran más que suficiente. ¿Lo es? Realmente no. Los estudios más exhaustivos han demostrado que los objetivos que no pasan al papel y quedan en el ámbito de la intención, cobrarán fuerza como deseos pero nada más. Y de aquí deduciremos que: los objetivos que quedan sólo en la memoria están destinados a desaparecer, como tantos deseos