Publicado en Pensando en voz alta

Opinadores


En cualquier decisión  publica que tomes, encontrarás que hay que se pone de tu lado y quien opina que estás loco/a y que por ese camino no vas a ningún lado. No es el clásico esquema de optimista/pesimista sino el de que opina con criterio y el que habla por hablar. Así que antes de tomar en cuenta la opinión del que te augura el fracaso seguro pregúntate:

¿Hago bien en confiar mis planes a esta persona?

¿Está pensando o en mí o proyectando sus propios temores?

¿Ha pasado antes por mi situación para saber con total seguridad que estoy abocado/a al fracaso?

¿Le he pedido consejo o ayuda o por el contrario se mete en mi vida así sin más?

Una vez contestadas estas preguntas te resultará muy fácil saber a quién debes tener en cuenta y a quien no.

Yo, huyo como de la peste, de los que te chafan todos tus planes, derriban tu autoestima y se burlan de cualquier iniciativa que comentas.  Pero lo cierto, es que ya cada vez encuentro menos gente de esta clase en mi entorno, entre otras cosas porque elijo de quien deseo recibir una opinión. 

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Dinero y conciencia


Recojo aquí la propuesta de Sergio Fernández en su blog Pensamiento Positivo de dedicar un tiempo a la visión de este vídeo (aviso que es un poco largo, pero también recuerdo la reflexión de Dolina sobre el aprendizaje) con la intervención de Joan Melé en una conferencia de la Escuela de Organización Industrial .  Merece la pena, de verdad.

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La versión mala o cómo producir malas ideas para ser creativos


Muchos de nosotros sabemos que uno de los secretos de generar buenas ideas está en producir malas ideas. Pero si buscas en los estantes de tu biblioteca o visitas los mejores blogs de productividad y creatividad – o incluso le preguntas al señor Google «cómo llegar a las malas ideas» – no encontrarás mucha orientación.

Gracias, por tanto, al brillante Scott Adams . En un reciente ensayo de Wall Street Journal , elcreador de Dilbert echaba mano de su experiencia como guionista de televisión para sugerir uno de los mejores ejercicios de creatividad que he encontrado.

He aquí su explicación:

Pasé algún tiempo trabajando en la industria de la televisión y aprendí una técnica que usan los escritores. Se llama «la versión mala.» Cuando crees que existe una solución a la trama pero todavía no la puedes imaginar, la describes como una versión mala que no tiene otro propósito que estimular a los otros escritores para imaginar una versión mejor.

Por ejemplo, si tu personaje está atrapado en una isla, la mala versión de su fuga podría implicar a monos que construyen un helicóptero con hojas de palma y coco. Esa idea de la historia es, evidentemente mala, pero podría estimular a pensar en términos de soluciones de ingeniería, u otras soluciones relacionadas con monos. El primer paso en el pensamiento de una idea que funciona es dejar de fijarse en las ideas que no. La mala versión de una idea mueve la mente hacia  un nuevo punto de vista.

En el artículo, Adams utiliza el proceso de mala versión de sugerir algunas ideas provocativas (e hilarantes) para reducir el déficit de los EE.UU. del presupuesto federal. Pero la técnica se puede aplicar a casi cualquier obstáculo creativo.

Así que pruébalo. Creo que no es una mala idea ¿no?

Recensión de Daniel Pink 

 

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¿Está el arte en el ojo del espectador?


Llamamos arte…

A las cosas que hace un artista.

No es el medio o el combustible o el precio o si se cuelga en una pared o te lo comes. Lo que importa, lo que lo hace arte es que la persona que lo hizo venció su resistencia, ignoró las voces de duda e hizo algo digno de hacer. Algo arriesgado. Algo humano.

El arte no está en el ojo del espectador. Está en el alma del artista.

Seth Godin

 

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Pragmático e inteligente, el cambio a tu medida


La propuesta de hoy es  autoría de Randy Taran, la fundadora del   Proyecto Happiness, una organización sin ánimo de  lucro orientada a los jóvenes. Randy es  co-autora, con María Lineger, del Manual de Proyecto Felicidad, que permite , mediante el uso de la psicología positiva y  la  inteligencia emocional, la alfabetización de estudiantes en seis países.

Ya conocemos de sobra la afición de nuestro jinete (cerebro racional según la terminología de Haidt) por la conjetura, el análisis exhaustivo  y la divagacion, así que concretar un plan de acción para alcanzar nuestra felicidad nunca viene mal.

Quieres  que este año sea más feliz? Tener metas  puede acercarte a este propósito. A veces la vida te sale al encuentro y los viejos patrones pueden dar al traste con las buenas intenciones. ¿Qué hacer entonces? Te proponemos 10 maneras fáciles de elaborar caminos neurálgicos ,  de modo que, tus nuevos objetivos despeguen en su viaje a la felicidad.

  1. Tener una razón lo suficientemente importante:

El «por qué» quieres llevar a cabo un objetivo tiene que ser importante. No es suficiente decir «tengo que perder algo de peso.» Si dices: «estoy en el proceso de mejorar mi nivel de colesterol y acercarme  con esta decisión a la gente que me importa» resulta mucho más potente. Piensa en los beneficios de lo que quieres, y  acostúmbrate al tiempo presente (estoy en el proceso de …).

2. Una meta cada vez:

Elige  sólo una cosa para centrarte en ella y consigue que sea específica y alcanzable. Piensa que el resultado depende de que sea  medible y controlable. Por ejemplo si te propones ganar la lotería, olvídalo, no está en tu mano  controlar el sorteo, así que tú verás…

Prestar atención a algo factible también asegura que  mantienes tu deseo constantemente en mente.

3. Rómpelo :

Al romper un gran objetivo factible en mini-objetivos, aprendes a confiar más en ti mismo y a sentir que puedes controlarlo.  Si deseas escribir esa novela para la que  nunca has encontrado el momento tendrás que escribir durante un periodo determinado de tiempo  una página al día. Así este nuevo hábito  se convierte en parte  de tu rutina diaria. ¿Te vas a entrenar para una carrera? Establece un programa de entrenamiento realista con objetivos intermedios. Pasión + dar pasos  es igual a Resultados.

4.Conecta el objetivo con una acción:

¿Cuáles son las acciones y hábitos que apoyan tu objetivo? Si  quieres perder el michelín que te sobra tendrás que incluir verduras en la dieta y no comer después de las  20:00 ¿Qué no suena muy divertido? Prueba a participar en algo que te encante  o reunirte  con amigos todos los viernes. Dicho esto, ¿cuáles son algunas de las acciones o  hábitos  a los que podrías recurrir? Piensa en la obsesión por el chocolate de muchas personas ¿Y si compras chocolatinas individuales y te conformas con comer una después de cenar cuando te sientas relajado?.

5. El placer está de tu parte:

Cuando alcances cada mini objetivo  disfruta de la sensación.  Tómate el tiempo necesario para conocerte a ti mismo y disfrutar de los pequeños placeres que se presentan  a lo largo del camino. ¿Sabías que es muy poderosa la experiencia de visualizar la consecución de un objetivo? Al igual que  los atletas visualizan el éxito del evento  para mejorar sus resultados, tú puedes visualizar  cómo te sentirás una vez cumplido tu objetivo.  Si se trata de tocar un instrumento, imagina lo feliz que te sentirás cuando veas  cómo disfrutan y sienten los espectadores tu música. El cerebro se conecta con los mensajes de placer,  esto ayuda a cambiar las vías neuronales para adoptar nuevos hábitos.

6.La vida pasa:

Imagina los obstáculos que pueden aparecer antes siquiera que estos se presenten.  Si admites que las cosas siempre no son perfectas y tienes un un plan  B  para los tiempos difíciles, entonces será más fácil volver a la meta. No elabores arduas justificaciones,  sólo vuelve a tu objetivo usando algunas de las estrategias que había pre-planificado.  Recuerda dejar de lado el auto machaque. La culpa no te lleva a ninguna parte.

7.En alza los amigos:

Disfrutar de la felicidad /fijar metas que tengan presentes la amistad. Si un amigo  te espera en el gimnasio o se ofrece para ayudarte a revisar lo que has hecho durante la semana,  es mucho más fácil rendir cuentas. Un amigo también puede inspirar y animarnos a que sigamos adelante incluso en momentos difíciles.

8. Crear un éxito / Diario Gratitud:

Anotar las pequeñas tareas que necesitamos  cumplir  para alcanzar nuestros objetivos, ayuda ¿y por qué no acostumbrarse a a expresar la gratitud sobre lo que se está experimentando en el camino? Podría ser tan simple como completar una parte de lo que  se había previsto. Concéntrate  en lo positivo y escribe tres cosas  por las que estás  agradecido cada día. Notarás que es un poderoso combustible para seguir avanzando.  Esta es una manera eficaz de tener en mente tus éxitos.

9. La práctica hace al maestro:

La repetición consiste en una reprogramación. Nuevas prácticas generan nuevos hábitos, que conducen a nuevos patrones de comportamiento. Con el tiempo (normalmente ocho  semanas) el cerebro se adapta a sus nuevos patrones. Las neuronas que trabajan en equipo  se conectan. Si practicas cualquier cosa desde  música a deporte, da por hecho que mejorarás con la práctica continuada.

10. El viaje es más importante que el destino:

Fijar metas supone  volver a calibrar lo que  se ha convertido importante en tu vida. Eso es algo digno de celebrar.   Honrar lo que quieres en el vida es mucho más que  alcanzar un objetivo porque supone estar en sintonía contigo mismo . Ten en cuenta que el susurro  del cambio viene de dentro. Es un proceso que lleva algún tiempo, así que  date respiro para permitir  resultados a largo plazo. Por último, es  tu viaje -hazlo con alegría –estás tomando las riendas de tu vida, un pequeño paso cada vez.

 

 

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La reflexión de Dolina: ¿por qué vale la pena la lentitud cuando se trata de conocimiento y aprendizaje?


Hasta hace muy poco no sabía quién era Alejandro Dolina, pero María Noel Toledo me ha enviado este artículo y quiero compartirlo porque me parece que describe con exactitud hacia dónde nos lleva la inutilidad de nuestros deseos mal canalizados. El artículo es incisivo, lúcido y además tiene toques cómicos, algo muy de agradecer cuando se tratan temas tan serios.

La velocidad nos ayuda a apurar los tragos amargos. Pero esto no significa que siempre debamos ser veloces. En los buenos momentos de la vida, más bien conviene demorarse. Tal parece que para vivir sabiamente hay que tener más de una velocidad. Premura en lo que molesta, lentitud en lo que es placentero. Entre las cosas que parecen acelerarse figura -inexplicablemente- la adquisición de conocimientos.
En los últimos años han aparecido en nuestro medio numerosos institutos y  establecimientos que enseñan cosas con toda rapidez: «….haga el bachillerato en  6 meses, vuélvase perito mercantil en 3 semanas, avívese de golpe en 5 días, alcance el doctorado en 10 minutos…..»
Quizá se supriman algunos… detalles. ¿Qué detalles? Desconfío. Yo he pasado 7 años de mi vida en la escuela primaria, 5 en el colegio secundario y 4 en la universidad. Y a pesar de que he malgastado algunas horas tirando tinteros al aire, fumando en el baño o haciendo rimas chuscas.
Y no creo que ningún genio recorra en un ratito el camino que a mí me llevó decenios.
¿Por qué florecen estos apurones educativos? Quizá por el ansia de recompensa inmediata que tiene la gente. A nadie le gusta esperar. Todos quieren cosechar, aún sin haber sembrado. Es una lamentable característica que viene acompañando a los hombres desde hace milenios.
A causa de este sentimiento algunos se hacen chorros. Otros abandonan la ingeniería para levantar quiniela. Otros se resisten a leer las historietas que continúan en el próximo número. Por esta misma ansiedad es que tienen éxito las novelas cortas, los teleteatros unitarios, los copetines al paso, las «señoritas livianas», los concursos de cantores, los libros condensados, las máquinas de tejer, las licuadoras y en general, todo aquello que ahorre la espera y nos permita recibir mucho entregando poco.
Todos nosotros habremos conocido un número prodigioso de sujetos que quisieran ser ingenieros, pero no soportan las funciones trigonométricas. O que se mueren por tocar la guitarra, pero no están dispuestos a perder un segundo en el solfeo. O que le hubiera encantado leer a Dostoievsky, pero les parecen muy extensos sus libros.
Lo que en realidad quieren estos sujetos es disfrutar de los beneficios de cada una de esas actividades, sin pagar nada a cambio.
Quieren el prestigio y la guita que ganan los ingenieros, sin pasar por las fatigas del estudio. Quieren sorprender a sus amigos tocando «Desde el Alma» sin conocer la escala de si menor. Quieren darse aires de conocedores de literatura rusa sin haber abierto jamás un libro.
Tales actitudes no deben ser alentadas, me parece. Y sin embargo eso es precisamente lo que hacen los anuncios de los cursos acelerados de cualquier cosa.
Emprenda una carrera corta. Triunfe rápidamente.
Gane mucho «vento» sin esfuerzo ninguno.
No me gusta. No me gusta que se fomente el deseo de obtener mucho entregando poco. Y menos me gusta que se deje caer la idea de que el conocimiento es algo tedioso y poco deseable.
¡No señores: aprender es hermoso y lleva la vida entera!
El que verdaderamente tiene vocación de guitarrista jamás preguntará en cuanto tiempo alcanzará a acompañar la zamba de Vargas. «Nunca termina uno de aprender» reza un viejo y amable lugar común. Y es cierto, caballeros, es cierto.

Los cursos que no se dictan:  Aquí conviene puntualizar algunas excepciones. No todas las disciplinas son de aprendizaje grato, y en alguna de ellas valdría la pena una aceleración. Hay cosas que deberían aprenderse en un instante. El olvido, sin ir más lejos. He conocido señores que han penado durante largos años tratando de olvidar a damas de poca monta (es un decir). Y he visto a muchos doctos varones darse a la bebida por culpa de señoritas que no valían ni el precio del primer Campari. Para esta gente sería bueno dictar cursos de olvido. «Olvide hoy, pague mañana». Así terminaríamos con tanta canalla inolvidable que anda dando vueltas por el alma de la buena gente.
Otro curso muy indicado sería el de humildad. Habitualmente se necesitan largas décadas de desengaños, frustraciones y fracasos para que un señor soberbio entienda que no es tan pícaro como él supone. Todos -el soberbio y sus víctimas- podrían ahorrarse centenares de episodios insoportables con un buen sistema de humillación instantánea.
Hay -además- cursos acelerados que tienen una efectividad probada a lo largo de los siglos. Tal es el caso de los «sistemas para enseñar lo que es bueno», «a respetar, quién es uno», etc.
Todos estos cursos comienzan con la frase «Yo te voy a enseñar» y terminan con un castañazo. Son rápidos, efectivos y terminantes.

Elogio de la ignorancia: Las carreras cortas y los cursillos que hemos venido denostando a lo largo de este opúsculo tienen su utilidad, no lo niego. Todos sabemos que hay muchos que han perdido el tren de la ilustración y no por negligencia. Todos tienen derecho a recuperar el tiempo perdido. Y la ignorancia es demasiado castigo para quienes tenían que laburar mientras uno estudiaba.
Pero los otros, los buscadores de éxito fácil y rápido, no merecen la preocupación de nadie. Todo tiene su costo y el que no quiere afrontarlo es un garronero de la vida.
De manera que aquel que no se sienta con ánimo de vivir la maravillosa aventura de aprender, es mejor que no aprenda.
Yo propongo a todos los amantes sinceros del conocimiento el establecimiento de cursos prolongadísimos, con anuncios en todos los periódicos y en las estaciones del subterráneo.

«Aprenda a tocar la flauta en 100 años».
«Aprenda a vivir durante toda la vida».
«Aprenda. No le prometemos nada, ni el éxito, ni la felicidad, ni el dinero. Ni siquiera la sabiduría. Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje».

ALEJANDRO DOLINA

http://www.alejandrodolina.com.ar/