Persuádete de que estás enamorado, y te convertirás en un amante elocuente… Muchas veces el que empezó fingiendo, acabó amando de veras.
Ovidio
Ars Amandi
Ilustración: Pablo Amargo
Un espacio para la reflexión y el debate.
Persuádete de que estás enamorado, y te convertirás en un amante elocuente… Muchas veces el que empezó fingiendo, acabó amando de veras.
Ovidio
Ars Amandi
Ilustración: Pablo Amargo
Hábitos de siempre o forzado autocontrol es el título del artículo que el periodista de La Voz de Galicia, Paulo Alonso, escribe sobre el encuentro Nadal-Djokovic del 21 de mayo en Roma.
Dice el periodista: » Aparte de las mejoras de Rafa en agresividad, la clave estuvo en el aspecto mental. En el 2011, Djokovic encontró en su entorno el punto para controlar su carácter (hasta entonces irascible y con altibajos) y trabajar en positivo para desarrollar todo su talento. Una mejora en una personalidad ya formada, que exigió un gran autocontrol. En Roma, ante Mónaco, rompió una raqueta en un gesto de rabia tras un error, y reconocía: «Es que yo soy así. Espero que no me haya visto ningún niño».
Esa es la gran diferencia con Rafa, educado desde su inicio de forma inflexible: nada de gestos negativos, respeto al contrario y humildad sin que eso suponga ninguna merma en su lucha. Si no alcanza con ello, felicitar al rival y trabajar más duro luego para conseguir la victoria».
Hasta aquí el extracto del artículo. Ahora empieza mi reflexión sobre lo escrito por Paulo Alonso. No soy una entendida de este deporte, no suelo verlo y tampoco entiendo sus reglas pero me mantengo informada y admiro a ambos tenistas. La lectura de este artículo me ha suscitado una reflexión: Rafa es un deportista modélico porque ha sido educado desde pequeño en manejar sus emociones para que jueguen a su favor, algo realmente inteligente y efectivo, pero ¿qué pasa cuando no cuentas con un tío Tony como el de Rafa y encima eres colérico e impulsivo como Djokovic? Pues que no te queda más remedio que aprender. Y eso ha hecho el tenista serbio: aprender a lidiar con su genética y sus impulsos emocionales naturales. Encuentro que a pesar del gesto de ira de romper la raqueta y de decir «yo soy así» (lo cual es cierto aunque podía haber añadido: a veces, sólo cuando no puedo dominarme y sale mi parte inconsciente, también puedo ser de otra manera) le honra reconocer que no siente orgulloso con su pataleta y le honra reconocer que necesita trabajar en positivo. Esto tiene un nombre: humildad. La mayoría de nosotros somos como Djokovic. Necesitamos intentarlo a diario. No nos sale de forma natural. Tenemos que esforzarnos y por eso necesitamos la comprensión y el aliento de los que son como Rafa. Nadal es la naturalidad, Djokovic la fuerza de voluntad. Ambas cualidades son encomiables.
Por familiar que sea para cada uno la voz del espíritu, el mayor mérito que concedemos a Moisés, Platón y Milton, es que reducen a la nada libros y tradiciones, y no dicen lo que los hombres pensaron, sino lo que han pensado ellos. El hombre debería observar, más que el esplendor del firmamento de bardos y sabios, ese rayo de luz que atraviesa su alma desde dentro. Sin embargo, rechaza su pensamiento precisamente porque es suyo.
Ralph Waldo Emerson
Ilutración: Roberto Innocenti
Reducir algo desconocido a algo conocido alivia, tranquiliza, satisface y da también una sensación de poder. Lo incógnito conlleva además el peligro, la inquietud, la preocupación; el primer instinto es el de abolir estas desagradables situaciones. Primer principio: una explicación cualquiera es mejor que ninguna explicación. Ya que fundamentalmente se trata solo de una voluntad de liberarse de ideas opresivas, no se hila fino en cuanto a los medios para liberarse de ellas: la primera idea que explica lo desconocido como conocido hace tanto bien que ya se la «considera verdadera».
F. Nietzsche
Cómo se filosofa a martillazos
Fuente: http://dementecircular.blogspot.com.es/search?q=michel+weiner
Imagen: René Magritte (Los amantes)
Nada es miserable a menos que lo pienses así; y por otro lado, nada trae la felicidad a menos que te contentes con eso.
Boecio
Todas las formas de actuar entrañan riesgos, así que la prudencia no consiste en evitar el peligro (es imposible), sino en calcular los riesgos y en actuar con decisión. Que a tus errores te lleve tu ambición y no tu pereza. Vuélvete fuerte para aventurarte en empresas valientes, no para resistir el sufrimiento.
Maquiavelo