Publicado en Pensando en voz alta

¿Cómo soluciono mi falta de motivación?


microcambios, Cecilia Monllor, Ansel Kiefer
Pintura: Anselm Kiefer

La motivación es el nuevo grial de la sociedad contemporánea. Es fácil trabajar, mejorar una relación, establecer una comunicación eficaz con otras personas cuando uno se encuentra motivado pero ¿qué ocurre cuando las ganas se han evaporado, cuando acometer cualquier acción se convierte en algo tan difícil como escalar el Everest? La mayoría de las personas pasamos por estos baches de desgana, de ausencia de motivación, de apatía y abulia. En estos períodos infértiles nos sentimos bloqueados, sin energía para tomar decisiones. ¿Por qué nos ocurre? ¿Cómo explicar estos bajones energéticos? Sigue leyendo “¿Cómo soluciono mi falta de motivación?”

Publicado en Microideas

La magnitud del atrevimiento


Teddy-Roosevelt
He encontrado la cita de Roosevelt mencionada en varios textos de diferentes autores. A ellos, como también a mí, les fascina la claridad con que el político resume la belleza del atrevimiento desde la vulnerabilidad humana. La cita de este discurso, leído en la Sorbona hace más de cien años, es aplicable sobre todo a nuestros retos más personales. Cuando la releo nunca me vienen a la cabeza hazañas laborales, más bien pienso en lo más consustancial a cada ser humano: una vida vivida, auténtica, sin renuncia, sin miedo, valiente, honorable, bondadosa y justa.

No es crítico el que cuenta; no el hombre que señala al fuerte cuando tropieza o el que hace algo porque podría haberlo hecho mejor. El crédito es para el que está en la palestra; el que tiene la cara curtida por el polvo, el sudor y la sangre; el que se atreve valientemente; el que yerra y no atina una vez tras otra, porque no hay victoria sin yerro ni puntería al primer golpe; el que lucha por conseguir lo que quiere; el que vive movido por grandes entusiasmos y devociones; el que empeña sus fuerzas en una causa justa; el que, si la suerte le sonríe, paladea al final las mieles del máximo triunfo, y si no, si fracasa, por lo menos fracasa por la magnitud de su atrevimiento, para que su lugar nunca esté con los espíritus timoratos que no conocen victoria ni derrota“.

Theodore Roosevelt (1910. Leído en La Sorbona)